Por Juan Jesús Ayala
Es el titulo de una película de Isabel Coixet que no se de que va, pero que su enunciado es sugeridor de cuestiones que hoy son evidentes .Y es que la sensación que se tiene es que se ha echado el ancla y que el barco no se hace al mar, continua sometido a los vaivenes de las mareas y de algún que otro temporal, pero impávido, cimbreándose de babor a estribor importándole un pimiento que se diga lo que se esta’ diciendo, porque oye lo de siempre desde la monotonía del quietismo mas neurotizante .El acontecimiento esta’ trabado dentro del mismo, no existen capitanes que pongan rumbo por propia vergüenza ajena hacia otro destino, al menos iniciarlo . Es la rutina, la sinrazón lo que se instaura como mandarin de las preocupaciones que continúan inamovibles como si fuera mejor que funcionaran por si solas y que no se este’ pendiente, porque es perder el tiempo, de la majestuosidad fatua y estólida del que se cree ser el remero del Volga.
La política que debe ser la teoría de la acción permanece enrocada sobre si misma , sometida a las leyes de la nueva inquisición, que aunque permanece invisible es la espada flamígera de ese tribunal la que circula alrededor de las gargantas , estrangulando las palabras nuevas y taponando el entendimiento dirigido hacia la sordidez que hace que el desanimo es tal que cuando al menos se inicia por algún atrevido un rumbo que sea esperanzador nadie se lo cree, porque se ha perdido la confianza en todos aquellos que presumen de grumetes o de capitanes.
El ayer se ha hecho grande, se ha eternizado y cuando se espera a ver que pasa, si mañana las cosas irán mejor, si las palabras dejaran de ser huecas y portarán algo de contenido, lo que se aprecia es que el desasosiego sigue mandando, el adormecimiento social a pesar de estar encabritado no se desentume y no aparecen las ideas ágiles potenciadas por la aplicación de la inteligencia .Los pronunciamientos son los de ayer, no terminan nunca , la novedad se desentiende de si misma, se conforma con lo que hay, que es nada. Y la debilidad social se universaliza.
Para romper las circunstancias del momento hay que entenderlo, intelectualizarlo para llegar a los lugares donde están entronizados los timadores, los que envían a través de sus múltiples portavoces a los que les pagan para ellos, discursos confusos, los que con sus redes atrapan al mas pintado dejando en el ambiente que el ayer no se termine, que esto solo se producirá cuando la sociedad se arrodille ante ellos lo cual seria su máxima alegría y su mejor gozada.
Ahora el mandatario principal, Sánchez, reconoce sus errores que han acarreado, según los que entienden de estas cosas, 20.000 muertos mas en este marasmo de la pandemia. Pero aun así sigue pregonando lo bien que lo vamos a pasar dentro de poco, las neurosis ampliadas al campo de la psiquiatría que ha producido un confinamiento inquisitorial se arreglarán, la salud mental será universal; las miles de empresas que han cerrado ahora se les dará una migaja de subvención para que al menos tengan para pagar su entierro; y las miles y miles de esperanzas de una juventud a la que se le ha anquilosado seguirán pendientes de no se sabe que porque ni hay plan, ni hay diseño alguno, solo ocurrencias, mentiras y tomaduras de pelo.
Y por su parte el mandatario de Canarias, Torres ,se nos va para Europa a arreglar el problema de la emigración que soporta Canarias, y nos da la impresión que el hombre bien poco va arreglar y menos aun que se le haga caso alguno. Europa no tiene política migratoria alguna y le va muy bien encontrar un deposito para emigrantes en Canarias. Pasó hace años, en el 2006, y pasa ahora. Los discursos se dirán en el sitio equivocado y ante señores que dicen tener alta responsabilidad, que la tienen ,pero su oídos llevan años padeciendo de sordera irreductible. Pero por hablar que no sea y por hacer que se hace sin hacer nada, tampoco. Todo seguirá igual por no decir, peor El tiempo seguirá anclado en si mismo y el “ayer no termina nunca”.